domingo, 3 de enero de 2016

Nubes bajas

La mañana se presentó apacible, en calma, con algunas nubes bajas que cubren las montañas por completo, como si nunca hubiesen estado allí. Las ocultan del viajero ocasional como quien guarda un gran secreto y no desea revelarlo. Las encubren también de los pobladores autóctonos que desde temprano se ven forzados a observar un horizonte gris, plano, carente de las naturales asimetrías propuestas por los bordes montañosos. La habitual formación geológica que enmarca los límites del pueblo se ha convertido ahora en un paisaje desértico, misterioso, inexplicablemente vacío, taponado por una pared plomiza. Es como si la naturaleza estuviera queriendo dar un mensaje, “todo aquello que conforma nuestra aparente realidad puede dejar de existir de un momento a otro sin previo aviso y de manera permanente”. Sin duda una idea perturbadora para un simple mortal, una imagen tenebrosa que tiene el poder de agitar nuestros sentimientos más profundos, de remover el miedo y la inseguridad que cohabitan en nosotros. ¿Y si cuando el viento arríe el espeso manto de pesadas nubes solo avizoremos la monotonía del llano?. Estoy seguro que a más de uno no se le cruzaría por la cabeza semejante idea, es por eso que la mayoría siguen con sus tareas habituales sin darle ninguna trascendencia al hecho. Es mejor seguir pensando en la seguridad, en que nada ha cambiado y que todo sigue igual de tranquilo, como siempre. ¿Después de todo, que importancia tiene observar uno u otro horizonte?. Ya tenemos suficiente con las actividades cotidianas como para ahora creer que todo puede desaparecer alrededor nuestro así porque si.
Una leve brisa me refresca la cara, me trae aromas de flores silvestres, aquellas que crecen en la rivera del río, también me acerca los olores de animales grandes que pastorean libres en los lindes del pueblo. Me siento agradecido al darme cuenta de todo esto, de poder ser parte del pulsar de este presente. El viento ahora se mueve con más intensidad, me doy cuenta que las nubes mañaneras se dispersarán, por fin, de un momento a otro. Tomo asiento sobre una gran piedra alisada de bordes redondeados por el intenso rodar del tiempo y espero pacientemente a que el vaivén del aire en movimiento me devuelva el paisaje. Observo.

  JChaspman